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Soyatitán, Chiapas
“EL REGALO DE ESTAR EN SOYATITÁN
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Era el día 13 de agosto cuando, desde México D.F., abordábamos el avión Abdontxu Viar y yo hacia Soyatitán, Chiapas, México. Ella hacía 15 años llegó ahí, ya que junto con Ma. Rosa Ramos fue la fundadora de esa misión, hoy después de la fuerte experiencia de cerrar la misión de El Viejo en Nicaragua donde estuvo por muchos años tiene la alegría de regresar a esta bella misión, en la Diócesis de San Cristóbal las Casas cuyo Plan Pastoral Diocesano, “encaja” totalmente con nuestro Carisma Liberador y nuestra forma de trabajar. Ese mismo día viajaban desde Guadalajara hacia Soyatitán dos jóvenes, Ana Laura y Ana Sofía, que han concluido su Bachillerato en nuestro Colegio y harán una experiencia misionera hasta diciembre. Coincidentemente tuvimos nuestra llegada al Aeropuerto de Tuxtla Gutiérrez casi a la misma hora, así que ahí fue el encuentro de las cuatro y nos dirigimos hacia nuestro destino final Soyatitán Al llegar a casa nos encontramos con dos señoras japonesas, amigas de la hermana Ana Magami. Yusi y Kimi. Ya tenía varios días ahí. Así que el grupo era internacional-intercultural. Ahora con el nuevo edificio que se ha construido en la Parroquia con el apoyo financiero del Undokay (Kermesse de nuestro Colegio de Guadalajara) están estrenando una linda habitación. Ellas han llegado con mucho entusiasmo y entrega para vivir estos meses en la misión. Sin duda será un gran y mutuo enriquecimiento.
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![]() El Día 15, fiesta patronal de la Virgen de la Asunción, de la Parroquia de Soyatitán, el pueblo llegaba con toda devoción con flores y velas para orar ante la Virgen en la Eucaristía de las 12pm, de manera sencilla pero profunda, dimos gracias a Dios por la permanencia MMB en esta misión de Soyatitán durante 15 años. Se leyó una breve monición, peticiones y agradecimiento al Padre Javier Ruiz Velasco que nos acogió. Un grupo de mujeres había preparado la primera banca con una tela blanca para todas nosotras y, a la hora de la paz entraron con bellos ramos de rosas para cada una y nos rociaron de pétalos. Fue un gesto muy bello y significativo. A continuación, compartimos una sencilla comida. La fiesta del pueblo siguió por dos días más. Realmente para mí un gran regalo poder estar presente en este acontecimiento cosa que agradezco a Dios. Rebeca Cervantes Martín, MMB
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